Cuando algo te lo presentan de tal forma, con tal cantidad de de argumentos y detalles a favor que ni siquiera se puede pensar que sea falso, es que es falso (Nietzsche). Las verdades evidentes no necesitan tanta cobertura.
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viernes, 4 de marzo de 2016
Los finodos de Bilbado
El esperpento del debate de investidura (¿mejor de rasgarse las vestiduras?) ha sido mayúsculo entre gestos airados, intervenciones vociferantes y espumosas, sandeces como nunca había visto en los de Podemos, qué suerte que a tiempo decidí no votarles y fantochadas de nacionalistas catalanes. Entre unos y otros hablando sinsentidos y de cosas desconectadas con la realidad más inmediata. Pero el colmo, y acaso el resumen, del cachondeo parlamentario, lo escenificó el PNV, cuando, utilizando aquella expresión que se decía antes (en tiempos de mi abuelo) para ridiculizar la cursilería, resultó tan finodo el sr. vasco, y tan euskohablante que nombró a la insigne ciudad «Bilbado», que ya «Bilbao» le pareciese poco.
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