Un día, sintiéndome abogado por la mañana, me levanté y hablando con un compañero, le dije:
- Hoy he conseguido la libertad para dos clientes.
- ¡Que bien! - me contesta - ¿bajo fianza? ¿costó mucho?
- Ha costado mucho, pero nada de fianza, todo estaba convenido
- ¡Cohecho! ¿Tú también?
- No, mis clientes no son políticos, ni yo un lerdo. Sólo los he divorciado.
- ¡Ah! pero ¿te dedicas a eso?
- No es lo mío, pero lo ofrezco a mis amigos
- Es que eres bueno.